En la temporada 1979-1980, CD Castellón se embarcó en un viaje que resonaría en la memoria de todos los aficionados. La ambición del club, junto con el talento de una plantilla muy comprometida, llevó a Los Orelluts a un ascenso que se había convertido en el sueño de la afición.
Bajo la dirección del entrenador José Manuel Esnal, conocido como "Mané", Castellón mostró un estilo de juego atractivo que deslumbró a los espectadores en el Estadio Municipal. La combinación de jugadores veteranos y jóvenes talentos fue clave para el éxito de la temporada. Figuras como el delantero José Luis García "Tato" y el mediocampista Francisco "Paquito" se convirtieron en héroes locales, marcando goles cruciales que mantenerían al equipo en la lucha por el ascenso.
Uno de los momentos más memorables de esa temporada fue el partido decisivo contra el Real Betis en la última jornada. La atmósfera en el Estadio Municipal era eléctrica, con miles de aficionados vestidos de blanco y negro, animando a su equipo con fervor. Aquel encuentro se convirtió en un verdadero espectáculo, con Castellón mostrando un juego valiente y decidido que culminó en una victoria que aseguraría su lugar en la máxima categoría del fútbol español.
El ascenso no solo fue un logro deportivo, sino también un símbolo de unidad para la ciudad de Castellón de la Plana. La afición, que había estado al lado del equipo en las buenas y en las malas, celebró el logro con una euforia desbordante. Para muchos, fue un momento de orgullo, donde la pasión y la lealtad de los seguidores se tradujeron en una fiesta memorable que resonaría en las calles de la ciudad.
La temporada de 1980 no solo dejó una marca en la historia del club, sino que también sentó las bases para el futuro de CD Castellón. La experiencia adquirida en la Primera División ayudaría a la plantilla a crecer y desarrollarse, y aunque el camino no siempre fue fácil, el recuerdo de ese ascenso siempre será un faro de esperanza y ambición.
Hoy, a más de cuatro décadas de ese histórico ascenso, la afición de Castellón sigue llevando en su corazón la esencia de los Orelluts. La historia de 1980 es un recordatorio de que, con unidad y pasión, cualquier meta puede lograrse, y el legado de aquel equipo sigue vivo en cada partido disputado en el Estadio Municipal.
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